[vc_row][vc_column width=»5/6″][vc_row_inner][vc_column_inner][vc_basic_grid post_type=»post» max_items=»300″ element_width=»6″ gap=»15″ grid_id=»vc_gid:1634056537063-87b3ddac-b1c7-1″ taxonomies=»963″][/vc_column_inner][/vc_row_inner][/vc_column][vc_column width=»1/6″ css=».vc_custom_1598036629045{margin-top: 60px !important;}»][/vc_column][/vc_row][vc_row disable_element=»yes»][vc_column width=»5/6″][vc_row_inner][vc_column_inner][basel_title align=»left» title=»Maqui y Calcú, inspirado en nuestros pueblos originarios»][vc_single_image image=»22675″ img_size=»full»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][vc_column_text]Las Viñas Maqui y Calcú tienen, aunque poco se sepa, muchos puntos en común. Primero, sus dueños, la familia Hurtado, quienes compraran la antigua Viña Maquis en el año 1916. Luego, también comparten su origen, en el Valle de Colchagua. Finalmente, sus etiquetas, están empapadas de arte inspirado en la cultura mapuche. 

Si bien la familia Hurtado compró la Viña Maquis a inicio del siglo pasado, su historia es mucho más antigua. Tanto como el Siglo XVIII, época en sus viñedos entre los días, pertenecían a la congregación Jesuita, Compañía de Jesús. Más tarde, durante el siglo XIX estuvo en manos de dos ex Presidentes de Chile: Federico Errázuriz Zañartu (presidente entre 1871 y 1876) y su hijo, Federico Errázuriz Echaurren (presidente entre 1896 y 1901). Como era la costumbre de aquella época, sendos presidentes organizaron reuniones de gabinete en su valle, y construyeron hermosos puentes de calicanto en sus predios, para que sus ministros pudieran llegar al sector. Actualmente estos puentes forman parte del patrimonio cultural e histórico de la zona y son parte del recorrido que se puede realizar al visitar la bodega. 

Cuando el equipo de Viña Maquis se enfrentó a embotellar sus vinos con miras al nuevo siglo, eligieron ilustrar sus etiquetas con el magnífico trabajo orfebre del pueblo mapuche. Ellos derretían monedas de plata coloniales que utilizaban como materia prima para crear piezas de arte muy relacionadas a la naturaleza.  Es así como en Franco, el Cabernet Franc ícono de la bodega, destaca la pipa de plata en forma de rueda, llamada Quitra Chüngküll. 

Para Fotem, el Carmenére icono, se eligió la pipa de plata en forma de flor con siete pétalos, llamada Quitra Rayen. Esta preciosa pipa representa a la flor del canelo, el árbol más sagrado dentro de la cultura mapuche. Un símbolo de paz y parte de toda su identidad. Esto es importante porque representa los siete pasos que debe seguir una Machi – autoridad religiosa femenina – para alcanzar la máxima sabiduría del cosmos.

La mezcla tinta Lien, en tanto, se embellece con el broche de plata en forma de Lagartija, llamado Tupu Fillcun. Recordemos que el Tupu o broche es una de las piezas de joyería más antigua en la cultura mapuche. Es una pieza muy funcional y decorativa que permite unir mantas o joyas a las distintas vestimentas. Además, su imagen, una lagartija invoca algunos de los planes más grandes de la naturaleza, tales como la conquista entre un hombre y una mujer. 

Viña Calcú, en tanto, es un proyecto mucho más joven, creado recién el año 2000, cuando la familia Hurtado adquiere el campo Ramadilla, ubicado en el secano costero entre los pueblos de Marchigüe y La Estrella. 

Para darle su propia identidad a Calcú, la familia Hurtado (ahora liderada por Ricardo Rivaneira Hurtado) eligió al artista chileno Salvador Amenábar (1973). Amenábar tomó este desafío dando vida, en la técnica de la acuarela, al toro que representa la viña. Su imagen fue inspirada en pinturas hechas con vino. Para Fotem (hijo en mapudungun), el Carmenére icono de la marca, la figura del toro se destaca con una hermosa folia dorada. 

Para su ícono Futa (grande o magnífico en mapudungún)  Amenábar eligió la cabra. Esta imagen fue inspirada en el ganado que habitaba los pobres suelos de Marchigüe. Futa es elaborado con la cepa Cabernet Sauvignon, de la mando del destacado asesor francés Eric Boissenot,y representa la mayor expresión de calidad alcanzada por la familia Hurtado.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″ css=».vc_custom_1598036629045{margin-top: 60px !important;}»][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_separator style=»dashed» border_width=»2″][/vc_column][/vc_row][vc_row disable_element=»yes»][vc_column width=»5/6″][vc_row_inner][vc_column_inner][basel_title align=»left» title=»EL GUERRERO DE BENJAMÍN LIRA PARA DOMUS AUREA»][vc_single_image image=»21528″ img_size=»full»][/vc_column_inner][/vc_row_inner][vc_column_text]Comenzamos la serie Vino y Arte con mayúscula junto a Santiago Wine Club conociendo los secretos detrás de la etiqueta de uno de los grandes Cabernet de Quebrada Macul; sin duda alguna, el de mayor impacto visual.

Por Mariana Martínez

Si queremos hablar de Arte con mayúscula en etiquetas de vinos Chilenos, no podemos dejar de comenzar el recorrido por la más famosa de todas; y si no nos equivocamos, también la primera.  Se trata de la etiqueta que viste el gran Cabernet Sauvignon del proyecto Quebrada Macul. Un vino que nació con la cosecha 1996, después de que por muchos años sus dueños, la familia Peña, vendiera a otras bodegas las uvas de sus viñedos plantados en los años 70; en las afueras de Santiago, justo en los pies de los Andes. Entonces, su enólogo fue Ignacio Recabarren, tal vez, por cierto, el enólogo chileno con mayor alma de artista brillante de todos los tiempos. Tal vez por ello, o no, naciera el vínculo entre los Peña y Benjamín Lira, el artista plástico que eligieron para elaborar la etiqueta de ese primer vino.

Lo que sí sabemos con certeza es que en los años 90 Lira era ya uno de los grandes pintores chilenos, de fama internacional, y recién volvía a vivir a su país natal  después de casi dos décadas radicado en Estados Unidos. Lira había comenzado a formarse como artista ya cuando tenía 11 años, y tuvo en Chile reconocidos maestros. Si bien en el ámbito universitario comenzó estudiando arquitectura, pronto viajó a España donde estudiaría Dibujo y Pintura. Otros cursos de especialización, lo llevarían a Londres y Nueva York, donde obtuvo el grado de Master en Bellas Artes.

El encargo que le hiciera a Lira la familia Peña para su primer vino, era por un lado capturar en una imagen el gran carácter de su origen en la Quebrada de Macul. Un lugar dominado por la influencia de la montaña, reflejado en su gran amplitud térmica, con noches muy frías, así como suelos pobres, con muchas piedras aluviales y con muy buen drenaje. Por otro lado, querían que reflejara el gran carácter del vino, con gran estructura y elegancia a la vez; nacido en este terroir excepcional particularmente para la variedad tinta Cabernet Sauvignon.

Así fue como nació la imagen del busto, sello de Lira a lo largo de su carrera, con una montaña marrón de fondo. Pero no era cualquier busto. El francés Jean Pascal Lacaze, enólogo de Domus desde el año 2003 y su actual director técnico, nos contó esta historia, y también, que era el busto de un guerrero desnudo que hacía pensar en un guerrero mapuche.

Esta primera alternativa que recibieron los Peña de Lira, fue muy rupturista para la época, cuenta Lacaze, porque era una época cuando las etiquetas de vinos chilenos eran muy clásicas; en su mayoría, con fachadas de casonas coloniales sobre fondos blancos o en color crema.

Lacaze cuenta también que ante la sugerencia de hacer algo más clásico y menos aguerrido, Lira agregó una corona a la cabeza del guerrero a modo de colage. Esta fue la imagen que ha vestido a Domus Aurea desde su nacimiento hasta hoy.

Para nuestra sorpresa, Lacaze nos relata que la segunda alternativa, la de la corona, fue considerada aún peor que la primera, pero que entonces Lira les dijo algo así: “Si no les gusta, lo siento, es mi última versión”.  Por eso cree que el respeto por el artista de tal reconocimiento, llevó a la familia Peña a tomar lo que sería un gran riesgo, y que indudablemente hoy todos sabemos fue un gran acierto.

Después nacería Stella Aurea, la versión femenina de Domus. La cual, explica Lacaze, nace cada año a partir de las barricas que no tienen la fuerza para llegar a ser parte de Domus. “Suelen ser de la parcela 10, las que después de seis meses al unirlas ganan un carácter propio: menos estructurado, más efectivamente femenino”.  Luego, como segundo vino o ensayo de Domus, cuenta Lacaze, nacería Alba de Domus. De allí el pizarrón detrás de su busto. Un vino que con los años ya tiene una identidad definida y que nace del cuartel 10. Tras esta trilogía, nacería toda la familia de vinos que hoy tiene Viña Quebrada Macul identificada con los inconfundibles bustos de Benjamín Lira.[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=»1/6″ css=».vc_custom_1598036629045{margin-top: 60px !important;}»][/vc_column][/vc_row]